lunes, 12 de febrero de 2018

Muerto al amanecer



12-2-2018
Muerto al amanecer
En las dos tabernas del pueblo anunciaban la aparición de una criatura llamada strigoi. Ninat y Chandra permanecían sentadas con sendas bebidas en la mesa mientras hablaban de su último registro. Un hada que intentó seducir a Ninat. Chandra no podía parar de reír y aunque la lukavy ya se sentía molesta, sabía que su amiga disfrutaba recordando el caso. La taberna tenía una iluminación mediocre pero el precio era justo y se reunía mucha gente de todo el mundo para abrir y cerrar tratos. La tabernera siempre tenía faena y se la veía encantada con su clientela.
     Según los mitos un strigoi es el alma de un muerto que sale de la tumba por las noches para meter mierda entre el vecindario. Si es mujer, es una strigoaica y suelen ser brujas. La madre que las parió.
     Este caso parece un hombre y gracias a la diosa, no es un strigoi mort. No es un vampiro. Me caen muy gordos esos tipos—dijo cruzando una pierna por encima de la otra.
     La mujer que colgó el anuncio le dijo a la tabernera que este tío se metió en el cuarto de su hijo y le absorbió la fuerza vital.
     ¿Ha muerto el niño?— preguntó Ninat con el corazón en un puño. Casi se le paró cuando Chandra asintió con la cabeza en silencio.
     Para que dejen en paz a la gente, muchos desperdigan semillas con clavos dentro. Al parecer tienen una extraña obsesión con las cuentas y cuentan las semillas. Cuando se pinchan con un clavo, empiezan de cero.
     Eso son tonterías. Son cazadores, tienen hambre.
     Sí. Pero esa tradición estúpida brinda tranquilidad a la gente ahora que ese bicho anda suelto. Debemos dejar que sigan creyéndolo hasta que acabemos con él. Le arrancamos el corazón y lo despedazamos.
     Se dice que un strigoi no se convierte porque un vampiro le muerda ¿cierto? Se dice que es el séptimo hijo hombre de una bruja o de una mujer que haya puesto adornos. No se diferencian de los humanos. Se dice que con vampiros humanos. Humanos con capacidades vampíricas pero que viven bajo las leyes naturales.
     También dicen que pertenecen al orden supremo de la jerarquía vampírica—añadió Chandra—sea lo que sea, tenemos que empezar a movernos ya. No queda mucho para que caiga el sol y me temo otro ataque.
Pasaron el resto de la tarde en la taberna pensando en el monstruo. Preguntaron a la tabernera dónde podían encontrar a la mujer y ella respondió que vivía en la última casa de aquella calle. El pueblo era pequeño y los vecinos se conocían entre ellos. Preguntaron por la señora Elene y tras seguir varias indicaciones, llegaron a su casa. Llamaron a la puerta, y la mujer pareció alegrarse mucho cuando las vio y dijeron que pertenecían al clan de cazadores de monstruos. Los ojos de la mujer se anegaron en lágrimas y abrazó a Ninat llorando suplicando por la muerte del monstruo que mató a su hijo. Sabía que no le devolvería a la vida a su hijo, pero así tanto ella como el pequeño, podrían descansar en paz con su muerte vengada.
     Dígame, señora—empezó Chandra— ¿alguna mujer por aquí que sea bruja o adúltera?
     Mmmm… hubo una mujer que tuvo varios amantes y quedó encinta de uno de ellos. Su marido, encolerizado, decidió abandonarla. No quiso hacerle daño para no enfurecer a Dios desobedeciendo su mandamiento “no matarás”.
     Un pueblo religioso—Ninat sintió un intenso escalofrío. Todo lo que rodeaba a la religión solía acabar en desastre.
     Iremos a echar un vistazo a su casa primero.
     Es aquella casa que hay al final del camino. Su familia es noble y tienen una finca muy grande. Tened cuidado allí dentro, por favor.
     Claro.
Abandonaron la casa de la mujer pero las llamó. Preguntó si tenía que pagarles algo por la captura del strigoi. No trabajaban de gratis. Pero aquella cosa había asesinado a un niño pequeño. Y una de las cosas más dolorosas del mundo era que un hijo muriera antes que los padres. De modo que por esa vez, cogieron el encargo gratis. El líder del clan no se enfadaría y estaban seguras de que lo comprendería. Pues ellas siempre cobraban por las capturas, por muy insignificantes que fueran.
Cayó la noche y la luna proyectaba sombras siniestras en las calles. El cielo estaba despejado y no se veían las estrellas por el resplandor de la luna llena. Casi no había luz en las calles. Aquel pueblo estaba alejado de la civilización y todavía vivían anclados a las viejas costumbres. Varios amuletos colgaban de ventanas y puertas para espantar al mal. Y vieron en algunas entradas las semillas con los clavos.
     ¿Cómo han conseguido meter un clavo dentro de una semilla?— preguntó Ninat cogiendo una.
     Imagínate el tiempo que llevan viviendo con esto.
Mientras caminaban, escucharon una respiración agónica cerca de ellas. Ninat clavó sus ojos en las sombras de un callejón entre dos casas. Chandra vio que su amiga se ponía tensa.
     ¿Qué ves?
     Hay algo ahí que se mueve.
Sin pensárselo, la lukavy se abalanzó sobre lo que se movía en el callejón y tuvo que parar cuando vio que se trataba de un hombre ebrio. Éste se aterrorizó y empezó a gritar.
     ¡Strigoi, strigoi, strigoi!
     ¡¡Calma no soy esa cosa!!— exclamó Ninat— ¡por favor! ¿¡tan fea soy!?
     ¡Strigoi! ¡strigoi!
Chandra se giró y vio que lo tenían detrás. La criatura dibujó en su rostro lo que parecía una sonrisa y el hombre, echó a correr entorpecido por el alcohol. Antes de que pudiera ponerse a salvo, la criatura lo devoró. Era un humanoide de piel tan blanca que se podían ver sus venas dibujadas en la piel. De ojos rojos inyectados en sangre y sin cabello. Con grandes orejas que recordaban a las de un murciélago. Y unos dientes grotescos y muy grandes llenos de restos de carne y sangre. De aspecto cadavérico, casi con la musculatura al descubierto y largas uñas negras.
     Dios. Qué cosa tan horrible—dijo Ninat— ¡Chandra, a por él!
     ¡¡¡Vuelve!!!
Empezaron a correr por el pueblo siguiendo al strigoi. Este corrió hasta la casa que dijo la mujer del niño fallecido y cuando entraron tras él, las puertas se cerraron de golpe quedando a oscuras frente a una gran escalera que subía al piso superior y se dividía en dos pasillos llenos de cuadros.
     Vale. Ninat, rastréale.
La chica empezó a oler el aire. Buscaba rastros de su presa y rápidamente sintió olor a sangre en el piso superior. Chandra siguió a su compañera y cuando abrieron una de las puertas del pasillo izquierdo, vieron a una mujer muerta con marcas de mordeduras. La chica decidió quemar el cuerpo antes de que se levantara y cuando le lanzó la llama, el cuerpo empezó a convulsionarse y a moverse violentamente cayendo pasto del fuego. Chandra suspiró. Se habían librado de una buena. Continuaron buscando al strigoi y llegaron a una habitación de niño. Las paredes estaban adornadas con estrellas que brillaban en la oscuridad y un móvil que daba vueltas en el techo. Vieron al monstruo en la cama. Agachado en un rincón con la cabeza apoyada en la pared.
     Hasta aquí has llegado, cosa asquerosa—gruñó Ninat.
El strigoi tenía un muñeco de acción entre sus manos que parecía mirar con carió y melancolía. Ninat se detuvo cuando iba a matarle y él se giró con la figura en las manos. Comprendieron que era el hijo de la mujer que estaba muerta en la otra habitación. Era la mujer adúltera y aquel su séptimo hijo.
     No tienen entretenimiento en este pueblo ¿o qué?— preguntó la lukavy.
     Es frecuente tener muchos hijos cuando eres alguien importante. Para que tu riqueza no se pierda—le explicó sin dejar de mirar a su presa.
El strigoi tiró el muñeco hacia un lado y saltó sobre Chandra. La chica sacó su cuchillo y apuñaló al monstruo. Este retrocedió chillando de dolor. Debían aguantar hasta que empezara a salir el sol y echaron a correr por la casa perseguidas por el monstruo. No le harían daño durante la noche.
Echaron a correr por el pueblo aguantando a la criatura y evitando sus mordeduras y arañazos. Podían ser fatales y podía ser él quien las matara a ellas. Huían de él sin perderle mucho el rastro. En cuanto empezara a asomar el sol, le arrancarían las entrañas. El strigoi golpeó a Chandra y la lanzó contra la pared. La sujetó por los brazos y abrió su horrible y asquerosa boca llena de dientes. Se abrió hasta límites insospechados y ella no pudo evitar gritar de puro terror.
     ¡Chandra!— Ninat saltó sobre el monstruo y le cortó el cuello con el puñal. En ese momento, las sombras empezaban a disiparse y el cielo se estaba volviendo claro. La lukavy agarró al strigoi y Chandra le arrancó el corazón. Él empezó a agonizar. Su corazón seguía latiendo fuera de su cuerpo y la humana lo lanzó al suelo para después pisarlo. El sol convirtió en cenizas el cuerpo.
     Al fin—dijo Chandra secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.
     ¡Lo habéis conseguido!— exclamó Elene— por fin mi niño podrá descansar en paz—rompió a llorar dándoles las gracias a las escoriólogas mientras la luz del amanecer se llevaba la pesadilla vivida.

Encuentro fortuito



30-1-2018
Encuentro fortuito
Kainan caminaba sin rumbo por Eternia sin ni una sola pista de dónde podía estar su hermano. Su paradero era desconocido y se sentía culpable por no haber ido tras él antes. Discutió durante días con su padre sobre lo que hizo con Wulfrick. Pero las normas de los lukavy son muy estrictas y como muchas otras, el honor y el renombre imperan en los clanes. Su padre sintió que el ataque del menor al heredero del clan había sido una ofensa enorme. Alguien que estaba por debajo de Kainan le había hecho daño. Cuando pensaba en aquello sentía que la sangre le hervía y se enervaba.
Decidió detenerse en una casucha abandonada del bosque. Se hacía tarde y estaba cansado. Necesitaba parar para recuperar fuerzas. Había comprado algunas provisiones en la aldea que visitó hacía unos días y como estaba acostumbrado a cazar y a buscarse la comida, apenas tocó lo que había comprado. Las provisiones eran únicamente por si los recursos escaseaban.
     Me pararé aquí esta noche—se dijo a sí mismo en voz alta. Como si quisiera recordárselo. Entró en la casucha y tal y como imaginó, estaba completamente vacía. No había nadie. Sacó algo de fruta en conserva para introducir azúcar en el cuerpo. Había hecho mucho ejercicio ese día.
Mientras mordía, algo llamó su atención. Había una libreta en el suelo con las hojas desgastadas por el tiempo. Estaba estropeado pero se podía leer algo. Parecía una especie de diario escrito por una niña pequeña. Parecía un cuento. Mientras masticaba la manzana con un poco de disgusto, pues como todos los lukavy es carnívoro, empezó a leer.
“Érase una vez una niña pequeña de 8 años que se llamaba Vega. Vega era una niña muy feliz que vivía con su familia en Ailella. Sus padres la querían mucho y ella a ellos también. Pero un día, cuando despertó, vio que no había nadie en casa. Vega esperó y esperó todo el día, pero cayó la noche y no llegó nadie. Esperó al día siguiente. Esperó y esperó todo el día, pero cayó la noche y no llegó nadie. Fue al día número 6 que esperó, que supo que ya no volverían. Un señor le dijo a la niña que sus padres se habían ido y la habían dejado sola. No iban a volver. Vega no creyó al señor pero pasada una semana, comprendió que lo que le dijo era verdad.”
     Mierda. Estaba escribiendo su propia historia— dijo dejando de comer— ¿adónde habrá ido esa tal Vega ahora?
Eternia, un mundo enorme y bello donde la aventura está a la orden del día pero también hostil para los más pequeños y desvalidos. Kainan se levantó pensando en la niña llamada Vega. Intentaría buscarla a ver si andaba cerca. Salió de la casa y empezó a rastrear el suelo en busca de pistas. Olió el aire y prestó atención a todos los sonidos del bosque. Cuando más o menos tenía clara la dirección, empezó a caminar. Pasaron casi 12 horas hasta que su búsqueda tuvo buenos resultados. Había alguien sentado en la orilla del río. Miraba el agua. Intentaba conseguir algo, quizá algún pez.
     Así vas a tardar mucho y se te escaparán— dijo Kainan acercándose. Era una niña con el pelo color caramelo y ojos grandes y oscuros. Iba mal vestida y se veía que no se alimentaba bien.
     Si no levantas mucho la voz, lo conseguiré.
Kainan mandó una pequeña descarga en el agua que electrocutó cuatro peces que nadaban por allí. La niña, miró con cautela al lukavy y él le sonrió. Con un gesto de la mano, indicó a la pequeña que recogiera los peces. Lleno de curiosidad, Kainan la siguió con las manos en la cabeza. Empezó a apilar troncos secos y hojas y buscó palos con los que atravesar los peces. Después, empezó a buscar algo con lo que hacer fuego.
     Si me permites.
     ¡Vale ya!— exclamó la niña algo frustrada— ¿se puede saber qué quieres?
     He leído tu cuento en esa casa de madera. ¿No crees que es para preocuparse? La historia no apuntaba bien.
     Ah… la has leído.
      La dejaste por ahí tirada. Cualquiera podía leerla.
     Tuve mala suerte eso es todo—dijo mientras buscaba las piedras para hacer fuego.
     Bueno. Los humanos no me gustan por alguna razón. No porque los tenga cruzados sin motivo aparente—dijo Kainan prendiendo las ramas con la mano con tan solo cogerlas. Después con el puñal, limpió los peces quitándoles los ojos y las escamas. Los atravesó con los palos que cogió la niña y los clavó en el suelo cerca del fuego— te llamas Vega. ¿Cierto?
     Sí.
     Yo soy Kainan— se presentó.
La niña no dijo nada. El lukavy se sorprendió. Una niña humana muy pequeña que no parecía tener miedo de nada. Era difícil que un niño no se asustara por todo y sonrió. Era muy valiente. Quizás demasiado para su gusto. Mientras comían Kainan empezó a oler el aire. Un característico olor a agua empezó a impregnar el ambiente y cuando miró al cielo, con las últimas luces del sol, pudo ver que se acercaban unos nubarrones oscuros de tormenta.
     Se acerca una tormenta— fue un comentario para romper el hielo. Vega dejó de comer y dirigió su mirada oscura a la del lukavy. Él la miró sin decir nada. Esperando— las tormentas no te dan miedo, ¿verdad?
     N…no. Para nada… no… no es más que ruido y luces inofensivas.
     La arena se mueve mucho. Va a venir una tempestad de las buenas. Será mejor que busquemos un refugio cuanto antes Vega— Kainan se levantó sin acabar de cenar y Vega, cuyo corazón empezó a latir con mucha fuerza, hizo lo mismo— acaba de cenar. El pescado es bueno para los niños. Yo buscaré un refugio por aquí cerca.
     ¡No me dejes sola!— exclamó la niña. Sintió que su orgullo se hería— aunque… haz… haz lo que quieras… llevo mucho tiempo viviendo aquí.
     No te voy a dejar sola Vega. Solo voy a buscar un refugio mientras tú acabas de cenar.
Kainan se alejó y Vega se quedó sola comiendo. Seguía estando muy asustada. Pasadas unas horas empezó a sentir que el viento empezaba a soplar con más fuerza. Kainan ya había predijo que habría una tempestad enorme. A la lejanía ya se escuchaban los primeros truenos. Vega llamó al lukavy cuando escuchó el primer trueno a varios quilómetros de ellos y pasados unos minutos angustiosos para la niña, que ya había terminado de comer y permanecía junto a la luz del fuego, escuchó a Kainan devolverle la llamada. La niña se levantó y echó a correr hacia la voz de su nuevo amigo. Cuando ya estaba cerca, tropezó con una rama y se dañó el tobillo. No tardó en hincharse y empezó a tener dificultades para correr. Kainan se acercó a ella y la cogió a caballito.
     Torpe— dijo riendo. Sabía que se había hecho daño pero lo primero era llegar al refugio. Una cueva cavada en la roca de la montaña que sirvió de hogar a alguna familia de animales que hacía meses la había abandonado. Kainan aseguró a Vega que no volverían. El lukavy invocó una llama para iluminar la caverna.
     Me he hecho daño— lloraba.
     Eh, eh. ¡Has pasado por cosas peores! Esto no es nada.
     ¡Pero me duele!
Kainan sonrió y examinó el tobillo de la niña. Él no sabía usar magia sanadora por lo que tendría que emplearse el método tradicional. Para desgracia de Vega, el lukavy le dijo que tendría que quedarse sola otra vez mientras buscaba plantas para bajar la hinchazón y calmarle el dolor. Pero se negaba a quedarse sola y se aferró a su pierna con fuerza.
     ¡Vega!
     ¡No te vayas otra vez, esa tempestad está viniendo hasta aquí, te pillará fuera!
     Vega… escucha.
     ¡Escúchame tú a mí! ¡eres lo más parecido a una familia que tengo desde hace años, no me dejes sola!
     No te voy a dejar sola. Voy a buscar plantas para curarte eso y poder llevarte a un médico.
La niña insistió y no consiguió salir para buscar plantas. En unas horas, la tempestad estalló sobre ellos. El viento rugía con mucha fuerza y la lluvia amenazaba con tirar abajo la cueva. Era profunda, por lo que los elementos no podían dañarles. Hacía frío y la llama no era suficiente para calentar la estancia. Para eso, tendría que hacer un fuego grande y podría llamar atenciones indeseadas.
     Mañana compraremos algunas capas— dijo Kainan abrazando a Vega— todo saldrá bien.
     ¿Tú no tienes frío?
     No—dijo riendo—vengo del norte, de Moytura. Allí siempre hace frío y está todo nevado. Esto para mí no es nada.
     ¿Me voy a morir?
     No—dijo echándose a reír— oye, has pasado por estas cosas tú solita y aquí estás ¿no es así? Eres una niña más fuerte que muchas otras de tu edad. Has pasado muchas cosas y has sabido seguir adelante. ¿Y tus padres?
     Me abandonaron. Pero nunca me dijeron por qué.
     Ya veo. ¿Es todo cierto lo que había escrito en esas páginas?
     Todo.
     Bueno. Saldremos adelante juntos. ¿Vale?
     ¡Vale!— asintió.
Cuando Kainan se dormía un ruido le hizo desvelarse por completo. Dejó a Vega dormir junto al lado de la llama que invocó para darle un poco de calor y con unos rayos chisporroteando en su puño, empezó a caminar lentamente y en sigilo. Para su sorpresa, Yunsel, el djinn de viento, estaba allí jugando dejándose llevar por las fuertes ráfagas. Cuando vio al lukavy, no pudo evitar acercarse a él.
     Saludos lukavy.
     Hola.
     No me mires con esa cara ¿quieres? Me ofendes.
     Tengo una niña que se ha hecho daño ahí dentro y quisiera llevarla al pueblo más cercano. ¿No podrías aflojar un poco este temporal?
     ¿Por qué siempre es todo culpa nuestra?— se molestó Yunsel.
     Porque disfrutáis puteando al prójimo. Por eso.
     ¡No es verdad! Para que veas que mientes como un bellaco, aflojaré el temporal. Que sepas que no lo he provocado yo. ¿Crees que de ser así, sería tan miserable? ¡estaríais volando por el espacio! Coge a la niña y lárgate.
     Gracias, supongo.
Kainan cogió a Vega, que seguía durmiendo, y empezó a caminar bajo una tempestad considerablemente aflojada. Podía caminar sin peligro de resbalarse y el viento, aunque soplaba con fuerza, ya no podía suponer un peligro. Sentía la presencia de Yunsel cerca. Seguía ofendido por decir que aquel temporal era suyo. Para él, ese tiempo era miserable pero para el resto de mortales, era un auténtico problema. Empezó a hacerse de día. El sol intentaba abrirse paso entre los nubarrones oscuros y cuando quiso darse cuenta, el djinn ya había desaparecido. Dejó ir un suspiro cansado y el lukavy continuó la marcha hasta que llegó a un asentamiento de cazadores. Cuando Vega despertó, se encontraba en un lugar que olía a plantas y flores.
     ¿Cuándo hemos llegado hasta aquí?
     Tu amigo está durmiendo—sonrió una chica que curaba el tobillo de la niña—llegasteis hace muy poco rato. Somos amigos. Me llamo Chandra.
     ¡Yo soy Vega!
     Dime, Vega. ¿Quién es ese chico que va contigo? Es raro ver a un lukavy viajar acompañado.
     Se llama Kainan—dijo la niña— pero no sé qué hace ni qué busca. Él me encontró a mí cuando más lo necesitaba. Tuve mucha suerte.
     Yo creo que él también tuvo mucha—decía sin mirarla a los ojos. Ocupándose de la lesión de la pequeña.
     ¿Por qué?— preguntó con curiosidad.
     Porque antes estaba solo…—acabó de apretar el vendaje—y ahora ya no—la miró y sonrió.
Kainan despertó y se quedó mirando el asentamiento de cazadores. Algo olía muy bien. Había dormido hasta mediodía y lo primero que hizo fue buscar a Vega. Sonrió al ver que estaba jugando con algunos niños corriendo de un lado al otro. La muchacha que socorrió a los viajeros se acercó a él.
     Es una buena niña— dijo Chandra. Kainan asintió con la cabeza.
     Sí. Lo ha pasado muy mal. La encontré hecha un desastre. Necesitaría unos arreglillos pero no tengo ni idea…
     Sí. Se ve en mal estado—sonrió.
     La encontré tirada en un bosque de Ailella. Al parecer, llevaba años viviendo por ahí. Me dijo que se dedicaba a hacer algunos recados a los tenderos del pueblo. Pero es demasiado pequeña. No es de las que lloran porque están solas o al menos aún no la he visto llorar por eso.
     ¿Qué harás con ella ahora?
     Dejarla aquí supongo. No tiene padres.
     Le darás un disgusto si te marchas sin ella. Te adora.
     No puedo buscar a mi hermano con ella a cuestas. Es muy pequeña.
     Los humanos crecemos ¿sabes? En unos años te alcanzará, no lo dudes. Los lukavy tenéis un desarrollo muy lento—dijo riendo— en un tiempo, dejará de molestarte. Además, le irá bien ver el mundo. Que aprenda sobre él y que vea que no todo es tan malo. Yo salí hace unas semanas de aventura con un grupo de viajeros. Buscaban un león de jade. Fue una experiencia maravillosa y pude continuar con mi trabajo.
     ¿Qué es…?
     Escorióloga—dijo con orgullo.
     Muy arriesgado.
     Sí. Pero es lo que siempre quise hacer. Ver y conocer a todas las criaturas de Eternia sean peligrosas o no.